miércoles, 22 de abril de 2009

ORACIÓN POR LA PAZ. POR EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE


1. Monición
Celebramos hoy el “Día de la Tierra”, cuya integridad está seriamente amenazada. Es verdad que cada vez nos tomamos más en serio la protección de la naturaleza, pero esto no quita para que globalmente el panorama sea preocupante.
Vamos a tratar de integrar nuestra oración en la relación que mantenemos con la naturaleza, la creación, el medio ambiente. Podemos decir que la relación con Dios y con los demás suele estar bastante bien integrada en nuestra oración. Pero, por regla general, nos cuesta más expresar nuestra relación con la naturaleza, las plantas y los animales. Y, sin embargo, están ahí. No les debemos nada. Son nuestros y disfrutamos de ellos, como si no tuvieran una entidad y dignidad propias...
Hoy, pues, vamos a tratar de rezar con la creación.
Nos dejamos impregnar por sentimientos de alabanza, agradecimiento, humildad, arrepentimiento por nuestra falta de cuidado...
Damos gracias a Dios por la vida, por las personas con que convivimos... por los animales, las plantas... Somos parte de la creación y nos acercamos a ella con respeto y humildad... Qué grande es el misterio que rodea al universo, los espacios, el tiempo, las personas... La presencia de Dios no es evidente en todo ello; su dedo toca las cosas como si no las tocara, dejando a la creación que crezca y se desarrolle en la libertad y en la responsabilidad... Su presencia es humilde... discreta. Adorémosle y démosle gracias y pidámosle que nos haga responsables de la creación que ha puesto en nuestras manos..

2. Canto

3. Oración

Padre del Universo, tú estás en el origen de todo lo que nos rodea, visible e invisible. Estás presente en la creación, pero tu presencia es discreta y nos resulta difícil descubrirla. Ayúdanos a conocerte y amarte en todas las cosas, en las personas, en los animales, en las plantas. Te damos gracias y bendecimos tu nombre. Tú nos has encomendado esta obra tuya, para que la perfeccionemos y la usemos en bien de todos. No permitas que utilicemos la creación para beneficio nuestro en menoscabo del de los demás. Haznos pequeños y humildes ante la grandiosidad de lo que nos rodea. Tú, que formas parte de la creación, y eres el agua y el pan de vida, sacia nuestra sed y hambre de Ti, transfórmanos y transforma esta vida mortal en vida, que nunca acaba. Te lo pedimos en nombre de Jesús, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por los Siglos de los siglos. Amen.

El proyecto de Dios para todo lo creado

4. LECTURAS

1. Lectura del relato de la creación Gén. 1, 1-31a (en su momento se sacarán al centro agua, flores, frutos y, si es posible, algún pájaro)


Monición: Leeremos ahora el relato bíblico de la creación. La Tierra creada por Dios, donde ha dejado su huella y su proyecto de vida para todos. La creación es la mano visible de Dios, huella de la inteligencia y de la bondad de un Padre que quiere lo mejor para sus criaturas.

2. Lectura de la carta del jefe indio Seattle que, en 1855, dirigió al Presidente de los Estados Unidos:

“¿Cómo intentar comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? La idea nos resulta extraña. Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi gente. Cada aguja brillante de pino, cada ribera arenosa, cada niebla, cada claridad y zumbido de insecto, es santo en la memoria y vivencia de mi gente.
Sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras razones. Una porción de tierra es lo mismo para él, que la siguiente; la tierra no es su hermana, sino su enemiga, y cuando la ha conquistado se retira de allí. Su apetito devorará la tierra y dejará detrás sólo un desierto. La sola vista de sus ciudades, llena de pánico los ojos de un piel roja: pero quizás esto es, porque el piel roja es un “salvaje y no entiende”…
El Indio prefiere el agradable sonido del viento, olfatear el viento limpio, por un mediodía de lluvia. El hombre blanco parece no notar el aliento del aire…
Si decidiera aceptar la propuesta del Gran Jefe de Washington, lo haría con una condición: el hombre blanco debe tratar a las bestias de esta tierra como a sus propios hermanos. Yo soy un salvaje y no entiendo ninguna otra forma. He visto millares de búfalos muertos por el hombre blanco para que pudiera pasar un tren, búfalos que nosotros matábamos sólo para poder sobrevivir. Cualquier cosa que les pase a los animales le pasará también al hombre, pues todos los seres están relacionados. Cualquier cosa que acontezca a la tierra acontecerá también a sus hijos…
Sabemos una cosa: nuestro Dios es su mismo Dios. Ustedes piensan ahora que poseen a Dios como desean poseer nuestra tierra, pero no puede ser. La tierra es algo muy precioso para Él y el detrimento de la Tierra es un desprecio para el Creador.
Tal vez entenderíamos, si supiéramos lo que el hombre blanco sueña ¿qué visiones arden en sus pensamientos? ¿qué desean para el mañana? Pero nosotros somos salvajes y los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros…
Si les vendemos nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado, preocúpense de ella, mantengan la tierra, presérvenla para sus hijos y ámenla como Dios nos ama a todos nosotros. Una cosa sabemos: su Dios es nuestro Dios. La tierra es preciosa para Él…”

Un tiempo de silencio

5. El proyecto de Dios es maravilloso pero la realidad de nuestro mundo es preocupante. Veamos algunos datos (leídos entre dos):

- Según estimaciones científicas, habrá un incremento de la temperatura entre 1,5ºC y 3,5ºC de aquí al año 2100.
- El programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente prevé que el nivel del mar se eleve 6 cm. cada diez años en el curso del próximo siglo.
- Cada año son destruidas más de 17 millones de hectáreas de bosques tropicales y templados (eso equivale a la tercera parte de la superficie de España).
- El agua potable de cerca de 1.200 millones de personas está contaminada.

Se saca una lata de gasolina, se echa algo en el agua y se deja allí

- Los combustibles fósiles satisfacen aún el 85 % de la demanda energética del planeta. Cada año se liberan a la atmósfera 6.000 millones de toneladas de dióxido de carbono. Su concentración en la atmósfera se ha incrementado más de un 25%.
- La desertificación progresa de manera alarmante.

(Se saca un poco de tierra)

- La degradación del suelo afecta a casi 2.000 millones de hectáreas, perjudicando así el sustento de 1.000 millones de personas en tierras áridas.
- Las radiaciones producidas por la industria nuclear suponen una nueva amenaza para la vida sobre la Tierra.
- Hoy el ritmo de extinción actual de las especies naturales es mil veces mayor de lo normal. Cada año desaparecen más de 50.000 especies de plantas y animales.
- Los países industrializados producen 800 kilos de basura anual por persona.

Se saca una bolsa de basura con basura dentro

- Más de mil millones de personas padece hambre en el mundo actual.

Verdaderamente la creación gime como con dolores de parto. Al principio Dios confió el cuidado de la Creación al ser humano: Y los bendijo Dios y les dijo: sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla. Dominad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre las bestias de la tierra (Gn 28). Y el ser humano aceptó el encargo. Pero el ser humano ha descuidado este encargo; más aún: lo ha traicionado. El 10 de junio de 2002, el Papa Juan Pablo II y el patriarca de la Iglesia ortodoxa griega Bartolomé I hicieron una declaración conjunta –la Declaración de Venecia– en la que lo manifestaban con claridad:

Un lector/a:

En el comienzo de la historia, el hombre y la mujer pecaron con su desobediencia a Dios y con su rechazo de su designio para la creación. Una de las consecuencias de este primer pecado fue la destrucción de la armonía original de la creación. Si examinamos atentamente la crisis social y ambiental a la que se enfrenta la comunidad mundial, tenemos que llegar a la conclusión de que todavía seguimos traicionando el mandato que nos ha dado Dios: ser administradores llamados a colaborar con Dios en el cuidado de la creación con santidad y sabiduría.
(...) Es necesario un acto de arrepentimiento por nuestra parte y un intento renovado de vernos a nosotros mismos, unos a otros, y al mundo que nos rodea desde la perspectiva del designio divino de la creación. No es solo un problema económico y tecnológico; es moral y espiritual.

6. Oración de perdón

Hoy nos hacemos solidarios de la responsabilidad colectiva que tenemos todos los seres humanos y elevamos nuestra oración de perdón a Dios, nuestro Padre y Creador.

(Leídas entre dos personas, alternándose. Se responde diciendo: PERDÓN, SEÑOR.)

• Perdón, Señor, porque hemos contaminado el aire, el viento y las nubes e incluso la atmósfera que nos rodea y protege.

• Perdón Señor porque hemos contaminado el agua a causa de nuestra negligencia y egoísmo y ni las personas, ni los animales pueden beberla sin peligro. Por nuestra culpa los peces mueren en el mar y los ríos están sucios e inhabitables.

• Perdón, Señor, porque la nuclearización se nos escapa de las manos a causa de nuestra inconsciencia volviéndose una amenaza. Perdón por los muertos de todas las guerras, sobre todo por las provocadas por nuestro país.

• Perdón, Señor, por la desertificación de nuestra tierra que hemos explotado, saqueado y hecho estéril para generaciones venideras. En nombre del progreso hemos permitido que sea envenenada y deforestada. Perdón, Señor, porque no hemos prestado atención a los clamores de nuestra hermana y madre tierra.

• Perdón Señor por nuestros juicios y prejuicios, por nuestras puertas, fronteras y corazones que se cierran, por nuestra falta de solidaridad con los pobres y oprimidos de nuestro país y del mundo entero.

• Perdón, Señor, porque, rehuimos la muerte, la nuestra y la de los demás, y a menudo abandonamos en su soledad a enfermos y moribundos. Perdón Señor porque traicionamos la vida por no haber creído en tu resurrección. Señor, purifica nuestra mirada y nuestro corazón; permítenos descubrir tu soplo en la naturaleza animada e inanimada y tu presencia en la historia enséñanos a conocerte mejor en todo y en todos. amen.

Se abre un turno de intervenciones. Podemos elevar nuestra oración en forma de:
- manifestación de dolor...
- arrepentimiento...
- confianza en Dios...
- petición de ayuda...)

7. Invocamos al Espíritu Santo

No basta el dolor y el arrepentimiento sin el propósito de enmienda. Pero a la vez nos damos cuenta de lo poco que podemos hacer. En esta última parte de la oración pedimos a Dios su Espíritu creador, para que nos aliente y ayude.

Se puede cantar o escuchar: Oh, Señor, envía tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra. O también El Señor os dará su Espíritu Santo

8. Bienaventuranzas de la fidelidad a la tierra (a dos coros)

Dichosos, dichosas... los pobres y humildes, indefensos, desdichados y oprimidos de la tierra; los que ponéis a la luz que la «civilización del progreso» y la «sociedad de la abundancia» están llenos de engaños, y declaráis que el ser humano, con todo su poder y con todas sus riquezas, no se basta a sí mismo; los que vivís aceptando que nada es verdaderamente vuestro -por muchas cosas que tengáis- salvo el amor; que devuelve la armonía al mundo. Os digo que ya poseéis el gozo del Reino de Dios.

Dichosos, dichosas porque sabéis disfrutar de la Naturaleza, y de todas sus ofrendas sin ejercer violencia ni generar destrucción; los que no os aprovecháis de la noche para pisar la hierba o matar los pájaros; los que no usáis la fuerza para ahogar el rumor del mar, ni para romper el éxtasis de la belleza; los que trabajáis siguiendo el ritmo de la vida. En verdad os digo que poseeréis la tierra.

Dichosos, dichosas... los que lloráis y sufrís por la miseria de tantos, por los campos asolados, por las especies olvidadas...Los que reconocéis que formáis parte-aunque una parte muy pequeña-del universo y lográis que toda su sinfonía se encienda y resuene en vuestro ser diminuto. Vuestras lágrimas beberán la luz de las estrellas, y vuestro sufrimiento expondrá al sol de Dios vuestro corazón.

Dichosos, dichosas... los que tenéis hambre y sed de un orden más justo...y no os conformáis con no participar, de cualquier modo, en la degradación del hombre y su morada, sino que buscáis con esfuerzo la superación de todo egoísmo, de toda injusticia, de toda violencia, hasta hacer de la tierra lugar de la vida, herencia fraterna. Os digo que participáis del gozo del Creador.

Dichosos, dichosas cuando prestáis ayuda a todo ser que alienta y procuráis su dominio con sabiduría y amor, cuando cultiváis con humildad la bondad de las cosas, cuando recuperáis la rama herida y devolvéis al aire al pájaro caído: los que no lleváis vuestro trabajo como un yugo, sino como encuentro de vuestra libertad con la libertad del universo. Dios mismo os prestará ayuda.

Dichosos, dichosas, los que tenéis los ojos limpios y ponéis sin temor el corazón a la intemperie; los que os entregáis con las fuentes, camináis con los ríos y miráis en la noche más allá de las estrellas; los que juntáis las manos para recoger la lluvia, los que no teméis del viento que ahogue vuestra voz. Porque en el reflejo de cada criatura encontraréis el reflejo del buen Dios.

Dichosos, dichosas... los que, como niños, dais de comer a las palomas en las plazas del mundo; los que desmanteláis los mísiles que amenazan a los pueblos; los que no os apuntáis a las guerras aunque os llamen cobardes; los que os ponéis delante de los tanques enarbolando una bandera blanca; los que con vuestra lucha y vuestro amor desbaratáis las semillas de toda violencia. Porque estáis animados por el Espíritu de Dios.

Dichosos, dichosas... los que sois perseguidos por ser fieles a la tierra; los que, por respetar su armonía, sufrís el látigo de la incomprensión; los que no os resignáis a vivir en una tierra extraña, donde mueren sin sentido el águila y el hombre, la risa y el paisaje; los que, en cada rincón de este planeta, descubrís la belleza y descalzáis vuestros pies, pues cada rincón es sagrado; los que decís que es posible una tierra hermana. Dios mismo será vuestra tierra.

Dichosos, dichosas seréis, si aprendéis a vivir sin matar, a crecer sin destruir, a caminar sin dejar desiertos detrás de vuestros pasos. Estad alegres y contentos, aunque tengáis que sufrir por ello. Vosotros hacéis posible la Tierra Nueva. No dudéis que Dios va a certificar vuestra obra.

9. Bendición final y Canto de despedida

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